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Cuando hablamos de compañerismo y de ambiente de trabajo nos referimos a la parte más humana del entorno laboral. Decidir cómo serán estos aspectos dependerá enteramente de las personas y de las relaciones que se establezcan entre ellas. Dicho de otro modo, estos dos aspectos condicionarán el funcionamiento, ya sea bueno o malo, del grupo o equipo de trabajo. Es por eso mismo, que hay ciertos roles o ciertas actitudes que será mejor evitar si queremos que nuestro equipo tenga una evolución adecuada. Nos estamos refiriendo a las personas tóxicas en el trabajo.

Se trata de esas personas que no aportan nada y que además entorpecen el rendimiento del mismo. Nos referimos a las personas que son pesimistas, críticas destructivas, que no se lo toman en serio, las que se oponen a todo por sistema, las dominantes, las presuntuosas, etc.

En este artículo vamos a desgranar los 4 roles considerados como los más tóxicos, básicamente porque son los más comunes. Los vas a encontrar ordenados de manera ascendiente, o sea, de menor a mayor toxicidad.

1. El pasivo

Se trata de aquella persona que no hace nada. No es excesivamente tóxico porque no impide que se lleven a cabo las tareas pero sí que se transforma en un obstáculo para alcanzar agilidad en los procesos empresariales.

Este rol lo adoptan quienes no quieren asumir ningún compromiso, aquellos que delegan cualquier tipo de tarea que pueda suponer un reto, las que incluso se ausentan con frecuencia de su puesto de trabajo y que destinan su tiempo a tareas menos productivas o que no tienen nada que ver con su trabajo (chatear, navegar por internet, atender llamadas personales, etc.). En definitiva, alguien pasivo.

Como se ha comentado antes, este no es un rol especialmente tóxico, pero sí que es bastante común y, por suerte, relativamente fácil de reconducir ya que, la mayoría de las veces, estaremos ante un caso de desmotivación que bien llevado se puede transformar hasta darle la vuelta a la tortilla para conseguir un trabajador activo y motivado.

2. El crítico

Estaremos de acuerdo en que las críticas son buenas siempre y cuando se hagan con el ánimo de mejorar algo. El problema es cuando nos encontramos con alguien que critica por sistema todo lo que se hace y dice sin ofrecer una solución o alternativa.

De nuevo, nos encontramos con una persona que no se siente comprometida con el resto de su equipo, por lo que suele transformar su incomodidad en desconfianza y malestar que transmite al resto. A veces esta actitud viene provocada por la envidia. También es posible que la desconfianza dé paso a pensar que todos los demás están en su contra y que hablan mal de él o ella cuando no está.

Este rol tiene un grado más de toxicidad que el anterior porque no es fácil de reconducir ya que existe una delgada línea roja entre intentar que no se sienta mal con el resto del grupo/equipo (prestándole atención, escuchando sus críticas, rebatiéndolas con una argumentación consistente, etc.) y el poder de manipulación que pueda ejercer sobre el resto del grupo.

3. El obstructor

Este rol es parecido al crítico, aunque bastante más tóxico porque puede incluir la crítica sistemática, pero también representará un obstáculo para el buen funcionamiento del grupo. Para ello facilitará información ambigua o confusa, alargará los procesos de toma de decisiones por dudas no demasiado razonables, invertirá mucho tiempo en tareas improductivas o secundarias, etc. En muchos casos, todas estas acciones las toma para evitar tener responsabilidades.

Para poder lidiar con este tipo de personas será necesario explicarles muy claramente (incluso por escrito, si se considera oportuno) cuáles son exactamente sus tareas, en qué periodo de tiempo tienen que estar hechas y hasta dónde llegan sus responsabilidades. Aún así, se trata de un rol bastante tóxico con el que no es fácil lidiar.

4. El dominante

Por último, indagamos en el que es considerado como uno de los más tóxicos. El que asimila este rol se cree líder cuando en realidad no lo es e impone su criterio como si fuese un dogma. Manda y ordena al resto del grupo cada vez que tiene la ocasión. Esta actitud desconcierta a los demás componentes y desenfoca la prioridad de las tareas, por lo que da pie a que las gestiones sean mucho más lentas. Se puede dar el caso de que esta persona sea tan firme e insistente que haga sentir mal al resto del grupo, por lo que puede llegar a destruir un equipo si no se trata a tiempo.

Para evitarlo, cuando detectemos personas tóxicas en el trabajo que hayan asumido este rol es necesario ofrecerle el reconocimiento profesional que necesita. Y puede parecer sorprendente, pero lo cierto es que en la mayoría de los casos esta actitud no es más que una fachada que las personas con una baja autoestima se autoimponen para protegerse del exterior. Sin embargo, se debe ir con cuidado ya que con un exceso de reconocimiento se podría conseguir el efecto contrario y estaríamos alimentando esta conducta más que reconducirla. 

Si crees que hay personas tóxicas en tu empresa…

… debes actuar y cuanto antes mejor. Pero ten en cuenta que no todas las personas tóxicas en el trabajo son cánceres que debas extirpar. De hecho, es posible que sean personas fundamentales para el buen funcionamiento de la empresa o incluso que tengas una relación personal con alguna de ellas. En la mayoría de los casos hay solución y a través de las acciones adecuadas y la buena comunicación interna se pueden subsanar. Como has podido leer, todos estos roles se pueden reconducir. Luego está la particularidad de cada caso, evidentemente, pero, en cualquier caso, debes considerar la situación que estás viviendo en tu empresa y empezar a tratarla.

Trabajar junto a personas tóxicas en el trabajo puede suponer un gran obstáculo. A nivel personal, lidiar con estas personas a diario y durante toda la jornada laboral puede resultar agotador. ¿Has identificado a alguien mientras estabas leyendo? Si es así, en INTRAcomunica te podemos ayudar a gestionar la situación. 

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