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Para solucionar un problema primero hay que estar dispuesto a admitir su existencia.

Soy Maribel Contreras y llevo muchos años analizando la estructura y funcionamiento interno de las empresas medianas. De aquellas que empezaron como familiares y que en algún momento dejaron de serlo porque crecieron, porque dieron trabajo a muchas familias, porque sus líderes se ganaron la confianza de sus clientes a base de años de trabajo, … De aquellas empresas que tenían un líder que simplemente se hizo mayor y decidió jubilarse que le pasó la batuta de mando a sus hijos, entregándoles el proyecto de su vida, sospechando que no lo harían como él, pero confiando en que sabrían tirar el negocio adelante. De aquellas empresas que no tenían sucesores a los que delegar la dirección y que tuvieron que ser vendidas para salvar el puesto de trabajo de todas las personas que dependían de ellas, proponiendo nuevos líderes, gente desconocida, sembrando incertidumbre entre sus integrantes, aunque con la esperanza de haber tomado la decisión correcta. Sí, he visto cómo se ha producido un cambio estructural tan grande en muchas de ellas, he observado cómo lo han afrontado, las acciones que han decidido llevar a cabo, las consecuencias de sus decisiones y la diferencia que marca el hacerlo adecuadamente o no.

Con el paso de los años me he dado cuenta de cuán importante es la comunicación interna de las empresas porque está ahí aunque la ignoremos y cuidarla o no es una decisión relativamente fácil de tomar. Es como el servicio de limpieza, al que no se le da importancia hasta que no se hace bien o simplemente se deja de hacer. Imagínate qué te encontrarás cuando tengas que mover los muebles de sitio. En comunicación interna es similar: si no se cuida, cuando sea necesario aplicar un cambio de mayor o menor relevancia nos vamos a encontrar con acumulaciones de problemas y conflictos salidos de la nada y te preguntarás: “¿Cómo hemos podido almacenar tanta basura? ¿Cómo hemos podido convivir con ella durante tanto tiempo?”.

He visto casos en los que el cambio se hizo con éxito y se consiguió hacer crecer aún más la empresa, otros que simplemente han continuado haciendo lo que se había hecho hasta el momento, subsistiendo, si pena ni gloria, y otros que no han sabido asumirlo y que en cuestión de un periodo de tiempo que pudo ser más corto o más largo acabaron por tirar la toalla, dando al traste con la empresa, con el sustento de las familias que dependían de ella y, sobre todo, con el proyecto empresarial que se empezó con tanta ilusión años atrás. Y es que un cambio estructural tan importante no se puede dejar al azar, ya que fácilmente se puede convertir en una bola de nieve que se alimente de detalles negativos y que crezca sin control hasta ser tan grande y pesada com para poder aplastar y destruir por completo la estructura empresarial. Si fuese así, la única alternativa posible sería cerrar el negocio y, por desgracia, también he sido testigo de esto.

Me entristecía profundamente ver cómo los dirigentes de las compañías se obcecaban en los números sin tener en cuenta a las personas, sus necesidades, sus talentos, sus preocupaciones, sus miedos, sus aspiraciones, sus situaciones personales, etc. Porque, por mucho que valores tus estadísticas, no me puedes negar que éstas están en manos de personas. Y yo me preguntaba en qué punto habíamos perdido la humanidad para tratarnos como números o piezas de un tablero de juego que un estratega pudiese usar para conseguir sus objetivos. ¿Por qué las empresas no cuidaban a su mejor activo: sus empleados?

Tras años de observación y de estudio decidí tomar cartas en el asunto y crear INTRAcomunica, una empresa dedicada a la comunicación interna corporativa que ayuda a reforzar y propulsar el motor que toda compañía necesita: su plantilla. Me di cuenta de que las empresas están creadas para cumplir con sus objetivos corporativos y que la tarea de sus líderes es asegurarse de que así sea, por lo que la comunicación interna no suele formar parte del planteamiento empresarial. Ocuparse de este aspecto, al igual que pasa con el servicio de limpieza, requiere de tiempo y dedicación y muchas empresas no están dispuestas a hacer esta inversión. ¿Por qué? ¿Es que no consideran que sus trabajadores sean importantes? Dudo mucho que se lo hayan llegado a plantear así. Puede ser que no detecten la necesidad, tal vez tengan otras prioridades o simplemente no sepan lo que es; cada empresa tiene sus motivos pero en la mayoría de los casos los árboles no nos dejan ver el bosque por lo que cuando se forma parte del problema todavía cuesta más identificarlo y, en consecuencia, buscarle una solución. De ahí a crear una empresa que ayude a otras a gestionar este elemento tan esencial: la comunicación interna.

¿Qué líder no querría una plantilla motivada, comprometida y con ganas de dar lo mejor de sí? ¿Qué gerente o dirigente corporativo no elegiría tener un ambiente de trabajo saludable a uno tóxico? ¿Qué empresa no querría poder retener esos talentos que le ha costado tanto poder fichar? Pero para conseguirlo hay que trabajárselo, hay que dedicarle tiempo y llevar a cabo acciones estratégicas. En INTRAcomunica entendemos que cada empresa tiene que llevar a cabo su acción empresarial y que la comunicación interna no suele ser un asunto prioritario, por eso, y porque realmente creemos que podemos ayudarte, te ofrecemos la opción de externalizar este servicio. Ahorra tiempo y esfuerzo con INTRAcomunica y disfruta de los beneficios de la comunicación interna sin tener que romperte mucho el coco.

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